“Observo la realidad desde la atalaya que me dan los años. La mía, como la de otras personas mayores, es una perspectiva global, en panorámica, no entro en los detalles pero sí observo tendencias y mi obligación moral es aportar mi experiencia y mi opinión”

Mantiene la vitalidad del curioso, del que sabe que aún hay tantas cosas por conocer que no quiere perder ni un minuto en ir a su encuentro. Pero sentencia con la contundencia de su experiencia y su convicción moral. No se esconde. Los años permiten el lujo de la sinceridad.
Con 93 años sigue yendo todas las mañanas al Instituto Pirenaico de Ecología, en Jaca. En la nueva sede, sus compañeros de siempre le han mantenido su despacho. En el mundo de la investigación científica aún se conserva el valor del respeto al viejo maestro, no en vano todos se dirigen a él como “profesor”.
Le visito con la intención de hablar de su larga trayectoria profesional, de la botánica, de la gestión de los pastos de montaña, del estado de la investigación científica… pero a Pedro Monserrat le interesa hablar de “la cultura que hace el paisaje”, de la relación del Hombre con su entorno, de la despoblación rural, de la falta de valores que trae consigo y los efectos que tiene sobre el medio natural. Como tantos otros científicos, tras muchos años de investigación, el humanismo impregna sus reflexiones. La perspectiva del naturalista parte de lo concreto para llegar a lo universal, se amplía para relacionar al ser humano y su actividad con el entorno que lo rodea y del que forma parte.


La entrevista comienza de forma atípica, es él quien me pregunta por Madrid.
Cuando yo fui a Madrid estaba escandalizado, todo el mundo decía esto se puede hacer más deprisa, tenemos que hacerlo en menos tiempo…, pero a costa siempre de la eficiencia. No me gustaban esas prisas, esa urgencia por hacerlo todo inmediatamente.

¿Esa es una de las principales diferencias con el mundo rural?
La principal es que el mundo rural siempre ha vivido de la eficiencia, pero ahora está contaminado por el medio urbano, especialista en hacerse rico en poco tiempo y sin producir, es decir, especialista en quitarlo de otro sitio.
Se refiere usted a la especulación
Sí, claro, me refiero a que en el mundo urbano la plusvalía del suelo no ha caído sobre los que vivían allí, ha caído sobre el especulador. En un sistema natural, si uno se ha hecho rico en poco tiempo es que sale de otro sitio, porque él no lo crea.


¿Se han perdido valores?
Se han perdido, claro que sí. Este especulador no es consiente de que está robando a la comunidad. Hoy no se vive la comunidad, hay un individualismo tan extraordinario que el mensaje es “el más listo se aprovecha”, pero a costa del pobre. Se ha hecho rica mucha gente que no ha producido nada, solo a base de la especulación y eso es horroroso.
¿En qué medida se ha trasladado este comportamiento al mundo rural?
Lo ha hundido. La gente de ciudad no es capaz de vivir en la montaña. Contamina la forma de entender la vida casi ancestral, de relacionarse, de crear comunidad. En muchos pueblos hay calles estrechísimas entre las fincas o las casas y los de ciudad se preguntan por qué no aprovechan el terreno. Pero es que los del pueblo prefieren dejar ese espacio para evitar conflictos, es algo que viene desde que existe el pueblo, no es un capricho.
Cuando alguien de la ciudad se va a vivir a un pueblo, y no se adapta a la nueva realidad, sino que traslada allí su forma de vida, surgen conflictos. Hay muchos ejemplos.

Pero es que la vida rural es, en ocasiones, muy dura. Las condiciones sociales, educativas, económicas, las posibilidades de desarrollo personal y profesional son mucho menores en los pueblos que en las ciudades. En esas circunstancias, parece lógico pensar que quien quiera progresar y no pueda hacerlo en su pueblo no le quede más remedio que emigrar a la ciudad.
¿Cómo evitar la despoblación rural?

Hay que procurar que ellos se organicen y decidan su futuro, como se hacía desde siempre. Se han de organizar ellos como decía el Papa Juan XXIII, para conservar su cultura, su identidad y su dignidad y no estar pendientes de subvenciones ni limosnas del hombre de la ciudad. Las gentes de las poblaciones de montaña no han de ser pobres a los que les dan dinero para vivir allí. Vivir en estas zonas rurales con su cultura y la organización eficiente de sus recursos es una actividad noble, mucho más noble que la de hacerse ricos con lo que es de otros, especulando.

¿Puede ayudar la administración pública a conseguirlo?
Esto no debe hacerlo la administración, deben ser ellos quienes pongan en marcha sus hermandades, o mancomunidades, y sistemas de gestión de sus recursos.
Lo que debe hacer la administración es ayudarlo para que pueda conseguir las comodidades que tiene el hombre de ciudad. Hay que ayudar sin denigrar y estamos haciendo lo contrario, lo estamos denigrando. Hemos llegado a ese extremo y la culpa es de la gente que se ha hecho rica sin dar golpe.
La dignidad del Hombre es lo primero. Si el niño ve desde pequeño que con el ganado puede vivir lo hará siempre y no dependerá de nadie para mantenerse en su pueblo.

¿Cómo formar de nuevo esa comunidad, si en muchos casos ya se han destruido?
Sin amor al prójimo no se puede organizar una comunidad. Tienes que aprender que dando recibes y eres feliz. Pero hemos hecho todo lo contrario, potenciamos el individualismo que da lugar al egoísmo y así nos cargamos las formas de vida basadas en la comunidad, en la cultura tradicional de los pueblos que han vivido siempre en la montaña en unas condiciones muy duras y que sin esa colaboración no habrían podido vivir nunca.


¿Todo lo que se ha hecho en el medio rural ha sido sostenible, ha sido un buen ejemplo de gestión?
No, está claro que también se han hecho cosas mal. Lo positivo de esa gestión es que ha sido comunal, en comunidad.
¿Existe esta forma de gestión aún en el Pirineo?
Se está perdiendo. Las escuelas universitarias han de intentar recuperar esto.
Deberían fomentarse las ordenaciones de pastos y la gestión tradicional que ha funcionado durante siglos. Los estudiantes universitarios deberían hacer sus prácticas en el medio rural y no obtener el título hasta demostrar una experiencia y que han ayudado a una de estas comunidades. No se puede gestionar lo que no se conoce y desde un despacho, rodeado de mapas y teorías. Hay que vivir la comunidad y formar parte de ella.
Las escuelas universitarias han de cambiar. Sale gente de ellas que no está preparada para gestionar y vivir en los entornos rurales.

¿Cómo afecta la despoblación rural al medio natural?
De manera muy grave. Si observas el Pirineo, parece mentira pero es cierto, es difícil encontrar un paraje que no haya tenido la influencia del ser humano a lo largo de la Historia. Sacar al hombre de ahí está trastocando todo el equilibrio mantenido durante siglos y va a ser muy difícil recuperarlo.
La esencia de la ecología terrestre es el consumo. El consumo ordenado de unos consumidores bien organizados a lo largo del tiempo. Esto es lo que han conseguido las comunidades rurales de montaña y esto es lo que se está perdiendo.
Póngame un ejemplo
Los primeros que rompieron el bosque para conseguir pasto fueron los animales salvajes desde hace miles de años: por ejemplo el rinoceronte y el elefante, que hubo dos distintos en los Pirineos en el Paleolítico. Después, cuando el Hombre se instala aquí y domestica animales, esa labor la realiza el ganado equino, que deja el pasto preparado para que después lo aproveche el ovino.
Si esto no lo sabe el pastor y cambia el orden del proceso las repercusiones sobre el ecosistema pueden ser definitivas.

Ha escrito usted en alguna ocasión que “el meollo de la cuestión está en la frontera o membrana entre un sistema productivo, dinámico, y el estabilizador. Nos conviene dinamizar la producción sin destruir el armazón que la sostiene”. Pero ¿cómo hacerlo?
Fomentando la eficiencia. Esto no es nuevo, viene desde el Neolítico. Después, en la Edad Media, se organiza a través de las Hermandades y lo institucionalizaron los Reyes Católicos otorgando privilegios a estas Hermandades por el servicio y utilidad que tenían para la sociedad.
En Castilla son hermandades y en Aragón son mancomunidades, asociaciones de personas que viven en un territorio para conseguir cosas en común que de otra manera sería imposible. Estas asociaciones hay que revitalizarlas o se hunde Europa. Es un problema de todos los sitios donde hay montaña.
No se pueden mecanizar todas las actividades.

Habla usted de comunidades locales y profesionales ¿No sirven las divisiones administrativas que tenemos ahora?
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No, porque las comarcas, al menos aquí en Aragón, se han organizado para el político, esto es fatal. En las comarcas debería haber un representante de la política, pero solo uno, los demás deben ser ellos, los habitantes del territorio. Esto es esencial.
La política está bien para el gobierno de España y el gobierno de Europa, pero separar a la gente que ha vivido siempre muy unidos para explotar una riqueza que es común es un error fatal. En la montaña hay que hacer una gestión naturalizada, algo natural, espontáneo. Es una gestión que se aprende en casa, ahí se transmite una cultura que les ha permitido vivir en comunidad y con la naturaleza desde hace miles de años en muchas ocasiones. Deben ser ellos los que sean capaces de organizarse: es la mejor manera de que lleguen a tener servicios como los que tienen en la ciudad. Si le dejan organizar la comunidad al político de fuera, al de la ciudad, lo hará todo con mucho gasto y con poca eficiencia.

Bosque y ganado parece que no han sabido convivir siempre bien. El incendio ha sido una herramienta frecuente para conseguir pastos
La renta natural del monte lo da el ganado, el bosque se conserva gracias al abono del ganado. Desde siempre ha habido incendios y los ha provocado el hombre para evitar que todo fuera bosque, para conseguir pastos. La mejor manera de evitar los incendios es haciendo un buen incendio.

¿Y el aprovechamiento forestal más tradicional, como es el maderero?
Es que no se hace o se hace muy mal. Ves miles de árboles finos, que tumba el viento enseguida, no es rentable aprovechar esa madera. Además, se ha hecho una gestión desde fuera de las comunidades que viven allí. Con el tiempo, los hijos de los que viven en estas comunidades serán forestales y volverán para gestionar aquello.
Y es que no todo puede ser bosque, no hay agua para tantos árboles. Se necesitan sistemas naturales que consuman poco agua en verano y no sequen los arroyos, y que sean capaces de absorber el agua, como el bardal. Este sistema es el pantano de las montañas. Es una maravilla por su capacidad para retener el agua y consumir muy poca.
Uno de los principales problemas de la gestión del Hombre en el medio rural es que ha impermeabilizado el suelo: carreteras y asfalto por todas partes.

Pasto y bosque, o pasto y árboles, estamos hablando de la dehesa
Es que la dehesa es la relación perfecta entre bosque y pasto. Esta puede adaptarse a muchas culturas diferentes, que vienen de miles de años, y tomar diversas formas en los distintos lugares, e incluso seguro que se puede mejorar y tendremos que ayudarla a evolucionar. Pero si la universidad y los investigadores no nos proponemos esta evolución vamos a perderla. Perderemos una riqueza extraordinaria, una riqueza humana.

¿Cómo influye el cambio climático en todo esto?, ¿ha notado usted sus efectos en el medio natural?
El clima siempre ha cambiado, lo propio del clima es el cambio. Esto es evidente. Hay también cambios climáticos locales; ya sabes que si evitas que se acumule agua viene la sequía y sabes que hay plantas preparadas para vivir en esas condiciones. Lo que nosotros debemos hacer es estar preparados.
Por eso me maravilla tanto el bardal, el pasto de monte más extraordinario que existe, un bosque preparado para ser consumido.

¿Cómo es posible llegar a todas estas conclusiones partiendo de algo tan concreto como el estudio de la botánica?
Porque el conocimiento de la botánica es básico y te sirve para interpretar y explicarnos otras muchas cosas. Yo soy un científico y observo que lo importante es el funcionamiento global de una cosa conjuntada, no hay que fijarse en detalles. Y si esta cosa tiene siglos de funcionamiento y eficiencia me parece evidente que no se puede abandonar.


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