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Una visita a "La Gente de Agua" por Milagros Palma


Cuando las voces metálicas de los buhos y las actividades de los seres nocturnos menudeaban, se inició, con el canto de los gallos, el concierto de las aves anunciando la salida majestuosa de "uma kani" (luna del día en lengua Macuna del Amazonas) Hombres y mujeres como en un ritual, se reunieron en la quebrada y después de largo rato de juego y risas, las mujeres regresaron con cántaros de agua en la cabeza, mientras que los niños traían pequeñas cantidades de leña, de acuerdo a sus posibilidades físicas. Los hombres se preparaban para ir a cazar o a pescar. Las mujeres silenciosas preparaban la gran torta de casabe y los demás alimentos obtenidos con el esfuerzo cotidiano, en la minúscula chagra a la que dedicaban largos ratos. Es con el fruto de la chagra que ellas aseguran cotidianamente el sustento básico de la comunidad, siendo la cacería y la pesca, en ciertos casos, imprevisibles e irregulares, a pesar del buen conocimiento que se tiene del ciclo de reproducción y del comportamiento específico de cada especie.


Algunos adolescentes al iniciarse en la cacería, se esmeran pintándose la cara con figuras geométricas de un rico simbolismo relacionado con el éxito de esta actividad. Por lo general el hombre sale preparado hacia la búsqueda de una determinada presa, siempre y cuando la naturaleza no le comunique las señales desfavorables para alcanzar su propósito. Es entonces cuando se pasea por la selva, dispuesto a coger lo que le aparezca por su camino . A la maloca regresa con un mono, una gallineta y a veces con pajaritos fácilmente domesticables. De estos largos paseos participan con frecuencia los niños. Cuando las condiciones climáticas u otras no favorecen al cazador, éste se dedica a tejer un canasto, un exprimidor de yuca o a preparar por ejemplo el veneno para la pesca o la caza.

Hay todo un despliegue de actividades en la comunidad, como si un guía invisible programara y orquestara permanentemente la vida de los niños, jóvenes, adultos y viejos. Contemplativamente, las majestuosas murallas verdes que se yerguen alrededor de la endeble maloca y las desnutridas plantas de yuca y coca de la pequeña chagra, vigilan la impavidez y la serenidad de estos hombres que al haber penetrado en el más profundo secreto de la exuberante naturaleza, han recibido de ella protección y generosos tributos.

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