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Aprendiendo de las Rabietas infantiles

Mantener la calma en medio de un berrinche puede resultar difícil, pero este es un hecho inevitable de la infancia. Cuando son niños entre 1 a 2 años de edad, los berrinches a menudo se derivan de una necesidad, como alimentación, cambio de pañal, un juguete o solamente necesitan de la atención de alguien. Ellos se sienten frustrados cuando no hay respuesta satisfactoria a lo que piden y lanzan su señal de alerta a través de un berrinche.

Para niños de más edad, los berrinches representan una lucha por el poder. Entre los 3 a 4 años de edad, el niño ha crecido y es más autónomo, son más conscientes de sus necesidades y deseos, por tanto quieren hacerlos valer. 
Durante el berrinche, el niño literalmente está fuera de su mente, un experto, Hoecker, J., señala que con la carga de emociones se anula la corteza frontal del cerebro, el área que toma las decisiones y resoluciones, por eso el razonamiento no ayuda en medio de una crisis, pues en ese momento no está funcionando esa parte del cerebro. Así que no hay nada que hacer en el momento, por eso es mejor esperar a que el llanto y pataletas acaben para poder dialogar con él.

Averiguar lo que realmente provoca esa frustración. Cuando su comunicación es limitada, es importante interpretar lo que está sintiendo el niño, comprobando que sus necesidades básicas estén satisfechas. En muchas ocasiones, cuando se ha pasado el momento de alimentarse o dormir, su ánimo se ve alterado por cualquier contrariedad y si no se suple su necesidad, sobreviene la frustración. Cuando estas cosas básicas están satisfechas y surgen comportamientos violentos o destructivos, es necesario solidarizarse con él para entender lo que provoca su frustración. Palabras como: “Muéstrame lo que quieres” “Qué quieres hacer”, serían de gran utilidad.



Aunque parezca cruel, los niños como los adultos deben aprender a acabar con el enojo por si mismos.  Darle al niño un poco de espacio, un momento a solas en donde su comportamiento no afecte a otros. Los niños a partir de los 2 años, son capaces de llegar a controlar sus sentimientos y recuperar el control para comunicarse con los demás sin tener que llegar a gritos o batallas campales entre padres, hijos o hermanos.




En una situación tensa las discusiones no llevan muy lejos. Cada quien defenderá su propio punto de vista en cuanto más atacado se sienta. Evitar las cantaletas y los múltiples explicaciones es lo primero para evitar que se prolonguen estas situaciones. Explicar claramente al niño acerca de la imposibilidad de conseguir algo o de cambiar de lugar o lo que sea que le aqueje al niño, es importante hacerlo de una manera clara, sincera y concisa. El sabrá que las razones que no entiende son claras para sus padres si esta explicación es firme y no vacilante. Una vez basta para que cuando termine la rabieta, puedan analizar y aceptar los hechos. Después de eso el niño tendrá certeza y más confianza en sus propios padres.   


Las distracciones 

Son herramientas prácticas pero si no se regulan, pueden convertirse en obsesiones. En algunos casos, sobretodo en cuando están observando otras personas, los niños dan síntomas de frustración con matices poco habituales, entonces los adultos, pueden recurrir a un juguete o una golosina que por unos momentos genere sensaciones diferentes y le ayuden a centrarse de nuevo y estar tranquilos. Sin embargo estas respuestas suelen convertirse en vicios  que obtendrá fácilmente si comienza una rabieta y ante el exceso de atención, recibe un juguete nuevo o un dulce para mantener su ánimo estable. 
Esta clase de soborno también funciona para adultos. Saber que los niños son un reflejo de nuestra manera de ver la vida y asumen las acciones de sus padres como enseñanzas que en estos primeros años serán la base de su desarrollo futuro. 


Convertir el cariño en la respuesta esperada.

Después de notar que a través de un berrinche, no logra alterar los ánimos de los mayores y no recibe objetos a cambio de su tranquilidad. Su instinto lo llevará a buscar refugio, no significa que se rinda en su causa de recibir una respuesta a su necesidad, sino que busque otros medios de conseguirlo. 
En ese momento, los padres deben estár dispuestos a brindar cariño y comprensión. Se trata de un grande y firme abrazo sin decir una sola palabra. Los abrazos hacen que los niños se sientan seguros y de alguna manera se les hace saber que estamos preocupados por ellos, aunque su comportamiento haya sido desagradable. Una relación de guíanza por amor a su hijo, genera respeto mutuo pero sobretodo, le da la seguridad al pequeño de ser Amor a pesar de las circunstancias.  


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